Las promociones están tomando mayor protagonismo en los planes de marketing de las empresas, pero sirven solo para mover las ventas a fin de mes o aportan un beneficio a la marca? De ellas se ha escrito mucho, desde que son la hija no reconocida de la publicidad -supuestamente no necesita de un proceso creativo-, hasta que refuerza la marca y genera una acción: “da a los consumidores una razón mas allá del precio para comprar y volver a comprar”.

Una promoción debe tocar, seducir, provocar y capturar al consumidor. Pero, para ello, es preciso saber que piensan los consumidores de esta herramienta. La transparencia y credibilidad son valores muy importantes para ellos, pero también la facilidad en la participación, el sentir que depende de uno mismo, la practicidad de los premios, la inmediatez en ganar y, finalmente, que los sorprendan con algo divertido, ludico y memorable. Por lo tanto, donde debemos centrar nuestro esfuerzo para realizar una acción promocional?

Fundamentalmente en dos ámbitos: el creativo y el operativo. El primero permite diseñar el concepto de la promoción, partiendo del brief, el cual, ademas de los datos relevantes sobre la marca, el producto y los objetivos específicos de la promoción, debe contar con información sobre los canales de distribución, los equipos de ventas y de merchandising, la plataforma de contacto, la base de datos de clientes y el presupuesto (premios y medios de comunicación).

En cuanto al operativo, debe estar vinculado a la gestión de la mecánica promocional, a la entrega puntual de premios o recompensas, a la gestión de incidencias y entrega de información, y la comunicación con los ganadores. Y deben auditarse los resultados, tanto los que obedecen a objetivos de la promoción (redención y ventas) como los de los valores de la marca.


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