Almudena Hernández

El 21 de septiembre es el Día Internacional de la Paz, una de esas jornadas declaradas por las Naciones Unidas para conmemorar y concienciar, en las que los buenos deseos superan la realidad y las etiquetas se convierten en ‘trending topic’ en las redes sociales. Papel mojado en esta época en la que urge cuidar los bosques sin pensar de dónde y cómo salen la energía y los materiales de nuestros aparatejos tecnológicos.

Durante el día de la paz suenan versiones desafinadas de ‘Imagine’, ese precioso himno que sobre pasa lo ‘hippie’. Con su melodía, víctimas y supervivientes de grandes barbaries humanas recibirán flores y homenajes, con el dolor de que el hombre es un animal que tropieza mil veces en la misma piedra y no aprende de sus errores más bárbaros. Aunque siempre hay excepciones que, afortunadamente, confirman la regla.

Por ello, el día de la paz es, por ejemplo, un buen momento para recordar aquella celda de un viejo campo de concentración austriaco en la que hace no tanto se introdujo a oscuras el ‘Papa de la misericordia’ a rezar, la misma donde murió por el horror nazi el bueno de Maximiliano Kolbe, cuya frágil fortaleza bonachona sorprendió sobrenaturalmente a sus propios carceleros (¡Vaya! Era cura…)

El día de la paz es buena oportunidad para buscar sembrarla en la propia maceta, sin necesidad de emprender largos viajes.

Hay quien dice que ya vivimos la Tercera Guerra Mundial, sin necesidad de que el coreano presione el botón para reventar el mundo, y que esa guerra es de batallas pequeñas, global y que, como en las anteriores, el hombre es el lobo del hombre.

Por eso, más que nunca, el 21 de septiembre y ¡todos los días! hay que trabajar por la paz, esa que arranca siempre con una sonrisa, aunque tanto nos cueste. La paz también es optar por el camino correcto, que muchas veces es el más alejado del sendero que conduce a nuestro ombligo.

Vencer el mal con el bien es más que un bonito lema una obligación si el ser humano, también en el siglo XXI, se quiere realizar como tal. Si no será una simple marioneta de las tendencias tuiteras y las versiones desafinadas de la preciosa canción de John Lennon que este 21 de septiembre cantaremos sin dar una nota correcta.

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