La última etapa del pintor y escultor italiano Amadeo Clemente Modigliani (1884-1920) queda reflejada en esta película, en la que se ofrece un recorrido por sus tormentosas relaciones, su ácida rivalidad con Picasso y su trayectoria artística en el Montparnasse parisino de entreguerras. Cuando entra en su vida Beatrice Hastings, ésta le sirve de modelo en varios retratos, como “Madame Pompadour”. En 1917, celebra su primera exposición, que la autoridad cierra por indecencia, y conoce a la joven Jeanne Hébuterne, con quien tiene una hija. Su salud se deteriora enseguida y, en 1920, muere de meningitis tuberculosa.

 

Crítica
No es Modigliani un biopic al uso, en cuanto que no plantea una propuesta extensiva de la vida y milagros del genial pintor italiano, sino una perspectiva intensiva, que pretende esbozar un discurso general, una visión de conjunto de la biografía, estudiando los movimientos del genio en su último año de vida, en el cenit de su grandeza como artista y en el punto más bajo de su triste peregrinaje existencial, en las laderas de la bohemia, en un declinar provocado por una entereza profesional insobornable y un orgullo pictórico a prueba de bombas. Mick Jackson, al que falta un hervor o dos para enfrentarse a una empresa de estas características, condensa la personalidad tormentosa del artista a instancias de su relación con Jeanne Hébuterne, que fuera la mujer de su vida, y de la rivalidad estimulante y pasional, la dicotomía irreconciliable con el gigantesco y excesivo Pablo Picasso. La trascendencia histórica y humana del personaje impulsa por pura inercia un producto convencional en extremo, dramáticamente muy esquemático que, como casi siempre en esta índole de productos, apuesta más por la perspectiva íntima y escandalosa del personaje que por la propia naturaleza de la gestación de su obra. El retrato es, como mucho en dos dimensiones porque Jackson no tiene tablas para imponer un sello definido. Modigliani tiene la prestancia de una gran producción televisiva y poco más. Se mantiene en pie por el rastro fragmentario de un tipo tan apasionante como el pintor italiano, pero hace aguas por no hacer siquiera el intento de encontrar unas señas de identidad propias. Hay mucho recurso de manual a lo largo de estas dos horas de cine, mucho estereotipo biográfico y la mitad de corazón y densidad cromática de lo que una empresa de esta jaez exige. Especialmente desafortunados los flashbacks a la infancia del artista, los diálogos imaginarios de Modigliani con su alter ego infantil. Jackson pasea por las esquinas de un Montmartre de cartón-piedra, de esos en los que siempre suena estratégicay folcloricamente La vie en rouge, dando coba a un Andy García sin recursos, inexpresivo y refugiado en los tics gestuales de costumbre. Esta es de esas películas recomendables más para aficionados a la pintura que al séptimo arte propiamente dicho. Propone un recorrido deslabazado y sin un ápice de carácter por el París de Entreguerras, aquel hervidero de genios permanentemente en guardia que puso patas arriba la vanguardia europea en todos los soportes. Un bagaje éste escaso para un proyecto con semejante potencial. El guión tiene su punto, lástima que ni Jackson ni García estén para muchos trotes.


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