Elías Camhaji

En el último álbum de Luciano Supervielle hay partituras en vez de letras. El colaborador de Bajofondo y Jorge Drexler ha tomado un respiro para producir su tercer disco como solista. Suite para piano y pulso velado es un material “introspectivo y contemplativo”, en palabras del músico uruguayo, en el que el piano, su primer amor, desempeña el papel protagónico. Supervielle entreteje el sonido de las teclas con un guiño a lo clásico, pero se mantiene fiel al hilo conductor de su trayectoria: el hip hop, los sampleos y la música electrónica. “Siempre he vivido mi carrera como una búsqueda, me gusta reinventarme y ponerme a prueba porque nunca me he considerado un concertista”, confiesa.

¿Hay algo que siempre quiso hacer y no ha podido?

Hay cosas que me gustaría desarrollar más como componer música para ballet o para una orquesta. También me gustaría producir a otro artista, algo que nunca he hecho.

¿Qué nuevo instrumento le gustaría aprender a tocar?

No le tengo miedo a nuevos instrumentos. Creo mucho en el acercamiento intuitivo a la música. No hace falta ser un virtuoso de un instrumento para hacer algo lindo con él. Me gusta escuchar música de piano hecha por tipos que no son pianistas, te lleva a lugares más originales que un pianista con formación quizá no transitaría.

¿Tiene algún ritual antes de subir al escenario?

Es muy diferente tocar solo que tocar en grupo. Cuando estoy acompañado la energía es más futbolera, de arenga grupal. Cuando estoy solo, es una cosa muy introspectiva y hasta el día de hoy me pongo muy nervioso antes de tocar. Por eso, siempre necesito un momento de paz y de tranquilidad.

¿Recuerda algún concierto que haya sido desastroso?

Fue uno de los conciertos más importantes de mi vida. Tocaba para 200.000 personas en el Obelisco de Buenos Aires. La gente subió al escenario y empezó a saltar. El piso empezó a vibrar, mi computadora se cayó y se rompió. Quedó colgando de los cables y con el monitor destrozado, pero siguió tocando. Fue una situación extrema (risas).

¿Tiene un sitio preferido para tocar?

No hay un solo lugar, pero siempre que toco en Uruguay, me pongo muy nervioso. Le pasa mucho a otros artistas, el lugar en donde vivís te cuesta más.

¿Cuál es el mejor suvenir que se ha llevado a casa de una gira?

Un teclado que me traje de Japón que hasta hoy tengo y utilizo en mis discos.

¿Hay algún género musical que no le guste?

No, no hay ningún género que como tal no me guste. Al mismo tiempo, casi en cualquier género hay expresiones que no me gustan para nada. Detrás de cada género hay alguien creativo que sentó las pautas para concebirlo y siempre hay algo artísticamente relevante.

¿Qué hace cuando no toca?

Juego mucho al fútbol. Jugaba en la liga universitaria de Uruguay y es a lo que más le dedico tiempo como pasatiempo, aparte de mi familia y la música.

¿De dónde viene su afición por el Montevideo Wanderers?

Mi viejo es hincha de Wanderers y el club es de El Prado, el barrio en el que crecí. Yo juego para el Wanderers universitario.

¿Si no fuera músico, sería futbolista?

Sí, a los 12 años tomé una decisión importante en mi vida. Fútbol o música. Para entonces, ya tenía claro que la música era a lo que me quería dedicar, más que al fútbol.

¿Qué disco le regalaría a un niño para introducirlo a la música?

Tengo dos hijos chicos y me gusta mucho la música infantil. No quiero caer en clichés, pero la música de María Elena Walsh es omnipresente en mi casa desde que nacieron mis hijos y cuando yo era chico.

¿Cuál es la canción que más le gusta de su repertorio?

Forma es la canción a la que más le tengo cariño. Fue una de las primeras que hice.Un día la escuché mientras comía en un bar de Buenos Aires en la televisión y fue uno de los momentos más emotivos de mi vida. Me marcó un antes y un después.

Si pudiera colaborar con cualquier artista de la historia, ¿con quién sería?

Con Chilly Gonzales. Es mi músico preferido en la actualidad. Tuve el honor de conocerlo y es un tipo brillante.

Si pudiera tener un superpoder, ¿cuál sería?

Me gustaría viajar en el tiempo porque siempre me atrajo el futuro y la ciencia ficción. Me gustaría ver cómo será la vida en 100 años.

El tango, ¿uruguayo o argentino?

Los dos. Hay un tango uruguayo y uno argentino, que lejos de restarse, se suman.

Está siendo muy políticamente correcto…

Pero es la verdad, es como lo siento (risas). También debo ser sincero, Buenos Aires ha sido por excelencia la ciudad del tango, más que Montevideo. Tiene más presencia en Argentina, aunque en Uruguay ha crecido mucho.


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