Daniel Verdú

Los salones políticos de Roma vieron el lunes cómo los viejos fantasmas del norte volvían a salir del armario. Lombardía y Véneto, dos de las tres regiones más ricas e industrializadas de Italia, exigieron más autonomía el domingo en dos referendos. Es decir, mayores competencias y una parte de los impuestos que equilibre su déficit fiscal. La participación superó la expectativa y vuelve a colocar en el mapa político italiano, tras años desterrado, un incómodo debate a pocos meses para las elecciones.

Los datos confirman el fenómeno. La participación era la clave para definir el éxito de dos consultas no vinculantes y previstas en la Constitución que servirán para presionar a Roma a la hora de negociar. En Lombardía, sin un quórum, votaron tres millones de personas, el 38,26% del censo (un 95,29 % a favor). En Véneto, donde se requería superar la mitad más uno, se alcanzó una afluencia del 57,2%, con un 98,1% de síes. De modo que los presidentes de ambas regiones, Roberto Maroni (Lombardía) y Luca Zaia (Véneto), dos viejos zorros de la política italiana colocados de perfil hasta el último minuto por si el experimento salía mal, se apresuraron en anunciar el punto de inflexión que supondrá esta consulta. “El Big Bang de las reformas institucionales”, lo definió sin falsas modestias el presidente véneto.

Las pretensiones de Maroni y Zaia, que cifran el déficit fiscal de Lombardía y Véneto en 54.000 millones y 18.000 millones respectivamente, son muy elevadas. Zaia rompe la baraja y pide directamente el estatuto especial, como ya tienen otras cinco regiones (Trentino-Alto Adigio, Sicilia, Cerdeña, Valle de Aosta y Friuli-Venecia Julia). Maroni reclama el 90% de sus impuestos y el traslado de 23 competencias a una región que aporta el 20% del PIB de Italia. Una exigencia completamente inasumible en Roma, que ya lo ha calificado de “provocación”. Pero es el punto de partida de una nueva batalla política con un cierto sabor vintage.

Renzi reconoce la fuerza del autonomismo

El secretario general del PD, Matteo Renzi, cuya política no ha ido hasta el momento encaminada en la dirección federalista —el referéndum constitucional que perdió proponía todo lo contrario— deberá tomar nota también del resultado. Especialmente ahora que carece de aliados para afrontar las elecciones.

En su muro de Facebook, Renzi ha hecho este análisis, casi electoral. “El mensaje no es la deriva catalana o la secesión de la Padania. Es serio: más autonomía, más eficiencia y equidad fiscal. No es casualidad que hayan votado 900.000 personas más de las que votaron a la Liga Norte y a partidos autonomistas”. Renzi reconoce también ese impulso en regiones que gobierna su partido. Pero su propuesta, de momento, es bajar impuestos.

El resultado del domingo añade un nuevo elemento al incierto escenario político al que se encamina el país en las próximas elecciones de primavera. El proyecto autonomista, en una nación todavía muy centralista y con una enorme brecha social y económica entre norte y sur, resurge con fuerza en un momento convulso en Europa y en pleno desafío soberanista en Cataluña. Y esta vez la Liga Norte no está sola en sus reclamaciones.

Silvio Berlusconi, que interpreta mejor que nadie la música que suena en cada momento, apuntó a la causa en el último minuto a Forza Italia. Algunos alcaldes del Partido Democrático (PD), como el de Milán o Bérgamo también la secundaron abiertamente. Y la región de Emilia-Romaña, la segunda más rica de Italia y un feudo tradicional de la izquierda, ha comenzado también un proceso para reclamar el traslado de algunas competencias y mejorar su financiación. De modo que la corriente política renacida en el norte amenaza con arrastrar peligrosamente a quien no se apunte, en mayor o menor medida, a este movimiento en las siguientes elecciones. ¿Cómo conjugarlo con el partido que se juega en el sur?

La incomodidad de Salvini

Justamente, la paradoja del fenómeno permite observar la incomodidad de una parte de la Liga Norte, convertida hoy en un partido de corte nacional, soberanista y antiinmigración por Matteo Salvini, que ha pasado desapercibido toda la campaña. Desde que se convirtió en su Secretario, como señala el profesor de Opinión Publica y Comportamiento Político de la Universidad Luiss, Lorenzo de Sio, colocó la sordina sobre este tema en el discurso político del partido. El relato secesionista e insolidario de su fundador fue desapareciendo de la agenda como el propio Umberto Bossi, condenado por robar a su propio partido. “Su partido es hoy una formación radical, de derechas y populista con una plataforma nacional. Él suprimió el acento contra el sur y lo puso sobre los inmigrantes para construir un partido tipo [Marine] Le Pen”.

Una jugada que provocó la colisión soterrada con líderes como Maroni (exministro de Interior con Berlusconi) o Zaia, guardianes de algunas esencias de la línea tradicional de la Liga y que han ganado un gran peso político este domingo. Una situación embarazosa dentro del partido de la que, de nuevo, podrá sacar partido Silvio Berlusconi cuando toque elegir al líder de la coalición de centroderecha que formará con la Liga Norte y negocie con un Salvini rodeado de lobos. Un fin de semana, en suma, que sacudirá todo el tablero político italiano.