Desde el inicio del año, los huaicos no solo vienen arrastrando lodo y piedras a su paso por varias regiones del Perú, también han dejado en evidencia la falta de capacidad que el país tiene para afrontar este tipo de desastres. El martes le tocó el turno a Lima: una de las capitales más estables en materia económica en América Latina no le pudo hacer frente.

A las cuatro de la tarde se dio la primera alarma. El río Huaycoloro, uno de los afluentes del río Rímac, se desbordó. La zona este de la ciudad entró en emergencia y las primeras víctimas fueron los habitantes de San Juan de Lurigancho. La avenida Ramiro Prialé quedó bajo el lodo oscuro que amenazaba con no descansar.

El huaico provocó que no solo el agua alcance a Zarate y al Rímac, también ocasionó un infernal tráfico en el centro de la ciudad. Sedapal cortó el servicio del agua, el Metro colapsó y la inseguridad por el avance de otra amenaza igual se apoderó de los limeños. En tan solo cuatro horas la ciudad entera sucumbió.

¿Prevención?

Para la abogada Mariana Alegre, coordinadora general del observatorio ‘Lima cómo vamos’, las consecuencias habrían disminuido si tanto autoridades como ciudadanos hubieran trabajado en el tema de prevención.

(Foto: Mario Zapata)

“No es posible que llegue el desastre y decir que nos agarró por sorpresa. El trabajo previo significa, por ejemplo, que en noviembre los distritos tenían que liberar las riberas de los ríos, canaletas, torrenteras, etc. Ese tipo de trabajos permiten disminuir los riesgos”.

Para la especialista se trata de un trabajo articulado: “Si existe un plan de emergencia en el distrito es importante que el ciudadano lo conozca”.

Desde la Municipalidad de Lima, el subgerente de Defensa Civil, Mario Casaretto, asegura que sí hubo un trabajo de prevención. El funcionario explica que gracias a ello “no se han registrado víctimas mortales ni heridos por los desbordes”, aunque explica los daños y el caos ocurrido por los huaicos en estas palabras: superaron lo previsto.

Para Casaretto, los huaicos ocurridos durante la semana pasada en Lima tuvieron los mismos alcances de un temblor de 4 grados. Pero el de anoche sobrepaso a todos. “Fue como de 7 grados”. Y el resultado ha sido atroz: más de 500 familias se han visto afectadas por el desborde tan solo en San Juan de Lurigancho.

Lugares para vivir

Durante los últimos días la pregunta “si saben que hay huaicos, ¿para qué siguen allí?” parece haberse apoderado del imaginario de varios limeños. Sin duda, una mirada poco solidaria frente a un desastre de esta magnitud.

Antonio Jumpa, docente del departamento de Derecho de la PUCP tiene una respuesta a este pensamiento. El especialista menciona en su artículo titulado ‘Huaicos, desastres y derecho de vivienda’ que estos lugares se siguen habitando por la necesidad de vivienda que fuerza a una familia migrante o entendida a ocupar una zona de riesgo.

Para Mariana Alegre culpar a los habitantes resulta un “pensamiento simplista”. La experta dice que la urbanización de zonas de riesgo comprende no solo a familias de estratos bajos: “Las personas que viven en Villa, Chorrillos y Surco tienen una gran amenaza de tsunami pero siguen comprando y viviendo allí. Lo mismo ocurre con alguien que se va a una quebrada”.

(Foto: Óscar Flores)

La especialista acota que en la decisión de ir a vivir a lugares de alto riesgo también influye la creencia “de que no va a ocurrir nada malo, cierto optimismo. Creer no te va a pasar lo que te pasó a la otra persona”.

Consecuencias a largo plazo

El doctor Alberto Gonzales Guzmán, especialista en Gestión en Salud, dice que la falta de prevención ha sido un problema que el gobierno no ha podido superar y que la llegada de este huaico en Lima desencadenará una serie de problemas que el sector salud tiene que atender de inmediato.

_“La falta de agua potable y la mala higiene traerá consigo el contagio de enfermedades, deshidratación, infecciones gastrointestinales, problemas dermatológicos”, _enumera el médico, quien también se desempeña como bombero en la Compañía N°14.

Pero el problema parece no acabar allí. “Una persona enferma que tenía que hacerse sus controles se verá afectada gravemente porque su acceso al sector salud se verá suspendido frente a los huaicos. Ello ocasionará que sus problemas se incrementen”, indica. Que no se descarte el dengue, entre otras amenazas que aparecerán a largo plazo.

Gonzales Guzmán también aprovecha para dejar un ejemplo de la falta de prevención y planeamiento frente a los desastres de este tipo: “No es posible que un establecimiento de salud se vea afectado por un fenómeno de este tipo. Es casi una obligación que el Estado tenga centros médicos resistentes a las inclemencias de la naturaleza No puede de dejar de dar atención a la gente”, explica.

Sin duda, Lima no está preparada, y lo ocurrido el martes es solo un pequeño ejemplo de cómo el caos puede paralizar a una ciudad desprevenida.

(Foto: Óscar Flores)

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