Astrid Meseguer, Barcelona

Lo primero que sorprende del cartel de la película es ver cómo están colocados sus protagonistas. Hitchcock está de pie mirando a Truffaut con una mano abierta y gesto autosuficiente, mientras que el cineasta francés, sentado, le observa ensimismado y pensativo, atento a las perlas que está a punto de soltar el genio británico. Se trata de una de las imágenes que inmortalizó el fotógrafo Philippe Halsman del mítico encuentro entre ambos cineastas en agosto de 1962, que acabaría dando vida al libro El cine según Hitchcock (1966), obra indispensable para todo amante del séptimo arte.

Por aquel entonces Truffaut contaba solo con treinta años y tres filmes a sus espaldas. Su carrera había despegado con fuerza, mientras que el británico había soplado ya 63 velas, tenía una trayectoria consolidada con gran éxito comercial y trabajaba en el corazón del sistema hollywoodiense. Para la crítica, sin embargo, Hitchcock no era ese director al que había que admirar, más bien fue ninguneado sistemáticamente durante mucho tiempo con el sambenito de que sus películas no tenían sustancia.

Truffaut quiso hacerle justicia. Idolatraba al maestro del suspense desde que lo entrevistó junto a Claude Chabrol durante el rodaje de Atrapa a un ladrón (1955) en la Costa Azul. Su inteligencia le asombró y desde entonces no había cejado en el empeño de rescatar su nombre y devolverle el esplendor que merecía, situándolo a la altura de otros grandes como Roberto Rossellini o Ingmar Bergman. Lo hizo a través de las páginas de la revista Cahiers du Cinéma, donde publicó numerosas críticas y dejó patente que Hitch era “el mejor director del mundo”.

“En los años cincuenta y sesenta, Hitchcock se encontraba en la cima de su creatividad y de su éxito… Ese éxito y esa popularidad, la crítica americana y europea iba a hacérselo pagar examinando su trabajo con condescendencia, denigrando un filme tras otro”, escribió Truffaut en el prólogo del libro. En Estados Unidos no lo consideraban un verdadero artista. Los críticos comentaban lo superficial de sus películas, el hecho de que Hitchcock solo supiera asustar al público y no fueron capaces de ver la potencia de su obra, el erotismo y la sugestión onírica que desprendían sus imágenes, cuidadosamente estudiadas, además de su habilidad para manejar el tiempo y el montaje como nadie antes había logrado.

Ahora, cuando se cumplen cincuenta años de la publicación de la extensa entrevista que el director de Los 400 golpes (1959) realizó al autor de Los pájaros (1963), nos llega un interesantísimo documental que lleva por título simplemente Hitchcock / Truffaut y que recoge cómo se elaboró ese encuentro de ocho días en una sala de los estudios Universal de Los Ángeles. Allí, los dos directores, reunidos con la única presencia de la intérprete Helen Scott, el mencionado Halsman y unos puros sobre la mesa, dialogarían sobre la magia del cine durante 50 horas. A través de las 500 preguntas lanzadas por el francés, el británico iba desgranando con todo lujo de detalles cómo había creado cada una de sus películas.

Fotograma del documental 'Hitchcock / Truffaut 'que se estrena este 1 de abril
Fotograma del documental ‘Hitchcock / Truffaut ‘que se estrena este 1 de abril (Getty)

La entrevista no fue filmada, únicamente registrada en audio, pero gracias al documental elaborado por el crítico de cine y escritor Kent Jones, podemos ser testigos de ese fluir de ideas y explicaciones que iba regalando con su peculiar sentido del humor el genio de Londres a su interlocutor y, por ende, a toda la audiencia que admira su trabajo.

Hitchcock era el maestro del que aprender, el padre que nunca tuvo Truffaut, que ansiaba absorber todos sus conocimientos. Ambos se hicieron buenos amigos pese a no hablar el idioma del otro. No hacía falta. El lenguaje del cine es universal y la admiración que sentía el realizador de Jules y Jim por el creador de Psicosis le llevó a escribirle una larga misiva para que le concediera la famosa entrevista.

“Desde que me convertí en cineasta, mi admiración por usted no ha flaqueado; al revés, se ha hecho más fuerte y ha cambiado de naturaleza. Existen muchos directores que aman el cine, pero usted ama el propio celuloide”, anotó. El director británico, no muy dado a las emociones fáciles, se enterneció al conocer el contenido de la carta. “Querido Señor Truffaut, su carta ha llenado mis ojos de lágrimas, y me sentiré honrado de recibir ese homenaje de su parte”.

Serge Toubiana, impulsor del documental y exdirector de la Cinémathèque Française, encontró en 1993 en las oficinas de Truffaut en París una caja de cartón con unas cintas, hasta entonces olvidadas. Cuando puso una de ellas en un magnetófono, apareció la inconfundible voz de Hitchcock.

Serge Toubiana, coguionista del documental
Serge Toubiana, coguionista del documental (LV)

La grandeza de la propuesta de Jones radica en saber extraer todo el jugo de aquel fructífero diálogo entre dos brillantes cineastas tan diferentes entre sí que dejaría huella con el tiempo. El realizador intercala imágenes en blanco en negro de la reunión con pasajes de filmes del creador de Vértigo mientras se escuchan las voces de los protagonistas de fondo, sobre todo la de un Hitchcock que, en tono pausado, deja en evidencia su satisfacción por tener la libertad de hablar abiertamente de las cuestiones más profundas de su filmografía, de lo que era una puesta en escena o la dirección de actores. Las grabaciones descubren también a un hombre más divertido y coloquial de lo que lo que se adivina en el texto.

Sentado en la cómoda butaca de la sala, ahora es el espectador el que puede disfrutar visualizando la minuciosa planificación de la famosa escena de la ducha en Psicosis (1960) o los más y los menos del director con algunos de sus actores, como el Montgomery Clift de Yo confieso (1952), que cuestionaba algunas de las escenas del director y le sacaba de sus casillas. Ya saben que Hitchcock no era especialmente sensible con los intérpretes y dejó para el recuerdo frases memorables como “Nunca dije que los actores fueran ganado. Lo que declaré es que deberían ser tratados como ganado”.

Fotograma de 'Psicosis', dirigida por Alfred Hitchcok y protagonizada por Janet Leigh y Anthony Perkins
Fotograma de ‘Psicosis’, dirigida por Alfred Hitchcok y protagonizada por Janet Leigh y Anthony Perkins (Hemeroteca)

Para redondear el pastel, Jones añade declaraciones de conocidos cineastas que construyeron su carrera en parte gracias a la aportación del libro de Truffaut. Así, Martin Scorsese reconoce que fue la llave maestra que le introdujo por primera vez en los secretos del cine. “En un momento en que un consenso general definía lo que era y lo que no era cine serio, ese libro resultó revolucionario. Nos radicalizó como cineastas”, sostiene el autor de Taxi Driver (1976). Wes Anderson destaca, por su parte, que lo ha leído tantas veces que ha tenido que sujetar sus páginas con una goma.

David Fincher, que descubrió su amor por el cine gracias a la pasión que le transmitió su padre, recuerda al maestro británico como el hombre que destruyó todas las reglas establecidas hasta entonces. El autor de Seven o Perdida leyó el libro “unas 200 veces siendo niño” y admite ante la cámara que le habría gustado ver una versión alternativa de Vértigo narrada desde el punto de vista del personaje de Kim Novak.

James Stewart y Kim Novack en una escena de 'Vértigo', de Alfred Hitchcock
James Stewart y Kim Novack en una escena de ‘Vértigo’, de Alfred Hitchcock (Archivo | Getty Images)

James Gray cree que su visión reveladora fue una ventana hacia el mundo del cine. Peter Bogdanovich asegura que la publicación del libro “alteró la valoración que se tenía de Hitchcock, que empezó a ser tomado mucho más en serio y no solo como un entretenimiento ligero”. Y Olivier Assayas comenta que “el encuentro entre ambos directores se produjo en un momento en que el cine tomó conciencia de sí mismo, cuando Truffaut afirma: ‘El cine es un arte y nosotros somos artistas’”.

Personalmente echo de menos en el documental la participación de Brian De Palma, uno de los mejores discípulos del realizador de La ventana indiscreta (1954), especialmente durante los primeros años de su carrera. Steven Spielberg, admirador de Hitch, es otro de los cineastas que están ausentes. Como anécdota, cabe recordar que el rey midas de Hollywood contó con Truffaut como actor en la aclamada Encuentros en la tercera fase (1977) y pese a que el francés no manifestaba mucha devoción por las historias que filmaba el estadounidense, le dio uno de los consejos más importantes de su vida: “Eres como un niño, así que haz películas para niños”.

Hitchcock / Truffaut es toda una lección de cine condensada en 80 minutos de metraje. “En la ficción, es el director el que debe crear la vida”, decía el mago del suspense. Kent Jones ha vuelto a revivir la personalidad de ese orondo personaje de fuerte carácter que marcó un antes y un después en la historia del séptimo arte. Y junto a él, la presencia de un grande de la cinematografía francesa que murió prematuramente a los 52 años, solo cuatro años después de su querido amigo Monsieur Hitchcock.


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