Juan Carlos Sanz

De poco le sirvió a Yasir Murtaya el chaleco antibalas azul rotulado con la palabra prensa en la frontera de Gaza. El proyectil disparado por un francotirador del Ejército de Israel penetró por un costado, donde las placas blindadas no protegen el tórax. Murió desangrado hace una semana tras ser evacuado al hospital de Jan Yunes, al sureste del enclave. Tenía 30 años y un hijo de 15 meses.

El reportero cubría las protestas que se suceden cada viernes ante la valla de separación, que se han cobrado la vida de 34 palestinos, el último este viernes, y se han saldado con más de un millar de heridos de bala, de los que 120 se contabilizaron también en las manifestaciones de ayer. Entre estos heridos se cuentan otros dos informadores, uno de ellos esn estado crítico.Murtaya era conocido como periodista independiente. Había colaborado con el artista chino Ai Weiwei en la producción de un documental sobre los refugiados en Gaza.

Las Fuerzas Armadas de Israel aseguraron el pasado día 7 que no habían abierto fuego intencionadamente contra ningún periodista y anunciaron que estaban investigando los hechos. Al día siguiente, el ministro de Defensa, Avigdor Lieberman, terció ante la prensa: “En la franja de Gaza no hay ingenuos. Todo el mundo está conectado con Hamás”. Lieberman sostuvo que Murtaya espiaba con un dron a las tropas israelíes.

El joven fotógrafo y operador de vídeo había publicado en Facebook una foto en la que aparecía con el pequeño dron que usaba para tomas aéreas en sus reportajes. Los periodistas que se encontraban a su lado en la frontera afirmaron que solo portaba una videocámara cuando se desplomó por el disparo.

Lieberman —conocido por ser uno de los ministros más duros en el considerado Gobierno más derechista en la historia de Israel— volvió a la carga contra Murtaya en un comunicado oficial: “El fotógrafo es un terrorista que ostentaba el rango de capitán en las brigadas Ezedin al Qasan, el ala militar de Hamás, desde 2011 y manejaba un dron para obtener información sobre tropas israelíes. Espero que los medios publiquen ahora los hechos correctos”.

Murtaya denunció en 2015 ante la Federación Internacional de Periodistas que había sido detenido y apaleado por milicianos de Hamás. Le confiscaron el material grabado cuando tomaba imágenes de la demolición de una casa cerca de la frontera del enclave palestino. Su queja quedó documentada por un investigador de la organización profesional que le entrevistó y consta en sus archivos. El reportero tuvo que ser hospitalizado a consecuencia de los golpes que le propinaron los agentes de Hamás.

La Federación Internacional de Periodistas ha acusado ahora a las autoridades israelíes de “inventar embustes para justificar un asesinato”. El Comité para la Protección de los Periodistas ha reclamado que “rindan cuentas [ante la justicia] quienes disparan munición real contra los informadores”. La Asociación de la Prensa Extranjera en Jerusalén ha pedido al Ejército que investigue con transparencia la muerte de Murtaya, y que muestre contención en las zonas donde operan los informadores.

La agencia estadounidense de cooperación internacional USAID había aprobado hace un mes conceder una subvención de 11.700 dólares (9.500 euros) a la productora Ain Media, que Murtaya había fundado y de la que era copropietario. La portavoz del Departamento de Estado, Heather Nauret, confirmó que el Gobierno norteamericano había aprobado la ayuda, y un responsable diplomático de EE UU reveló a The Washington Post que el fotoperiodista había sido examinado e investigado de conformidad con los protocolos de seguridad.

Murtaya soñaba con poder salir de la franja de Gaza, donde dos millones de palestinos permanecen sometidos al bloqueo de Israel desde hace 11 años. Nunca se había subido a un avión ni viajado al exterior del enclave. El ministro Lieberman no ha presentado pruebas de sus imputaciones. Las organizaciones de periodistas reclaman luz sobre los hechos.


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