Evelyn Tapia

La llegada de latinoamericanos a Chile va en aumento y, con ello, la canasta de productos atraviesa un proceso de mestizaje. Panela, yuca, plátano verde, choclo morado, achiote, bebidas de malta y queso llanero son solo algunos de los productos que están llegando a negocios que han visto hasta cuadruplicar sus ventas en los últimos años.

En la vitrina, entre el canasto de los choclos morados y el del ají amarillo, un tubérculo amarillo, redondo y con manchas moradas llama la atención de una mujer que acaba de llenar una bolsa con zanahorias. ¿Qué es lo que es eso?, pregunta.

En el letrero se lee: papa lisa, y Ricardo, uno de los trabajadores del supermercado Jumbo de Costanera Center, responde: “Es peruano, como para comerlo salteado, en ensaladas”.

Se trata de un tubérculo de origen andino, extraño para chilenos, pero bien conocido por peruanos, ecuatorianos y colombianos, aunque con nombres distintos: olluco en Perú, melloco en Ecuador y ulluco en Colombia.

Mientras las comunidades de extranjeros -latinoamericanos en mayor medida- siguen creciendo y asentándose en Chile, la canasta de alimentos en tiendas, minimarkets, ferias y supermercados atraviesa un proceso de mestizaje.

Según la Encuesta de Caracterización Socioeconómica Nacional (Casen), en el país residen 465 mil extranjeros y hace 13 años eran solo 192 mil.

La Vega es un espejo de esta realidad. Cada vez hay más variedad de productos que todavía resultan exóticos para los chilenos, pero que satisfacen a la población migrante que va en aumento, cuenta Rosa Requelme, peruana, propietaria de un negocio en La Vega.

En 2004, Requelme comenzó a vender condimentos peruanos en un pequeño local en La Vega. Con el tiempo amplió su oferta a frutas y verduras pedidas por las nuevas comunidades de migrantes latinoamericanos y actualmente cada semana se abastece de 50 cajas de mango, 18 de plátano verde, 10 de yuca, 10 de ají amarillo, entre otros.

Hoy tiene cinco locales, en los que también vende alimentos demandados por otras comunidades de extranjeros. “Antes traía directamente de Perú todo, pero ahora hay más competencia y no me conviene traer directo; entonces compro a distribuidores que lo traen. Hace tres años comenzamos a comprar la harina pan que compran los colombianos y venezolanos, y hace unos ocho años, el plátano verde. Tengo clientes haitianos, dominicanos, venezolanos, coreanos”, cuenta Requelme.

Panela, yuca, plátano verde, choclo morado, achiote, bebidas de malta, queso llanero son algunos productos que se venden en La Vega y también se encuentran en tiendas y minimarkets, sobre todo en sectores aledaños a Metro Franklin, Estación Central y Bandera con Catedral.

En la cadena de comercialización, este tipo de productos se agrupa en un segmento conocido como “étnico”. Se lo conoce así porque aúna preferencias de una clientela que está ligada a factores de ese tipo, dice Víctor Reyes, gerente comercial de la importadora de productos colombianos Altamira.

Aunque en menor medida, en el retail también se aprecia esta paulatina apertura a este tipo de alimentos. En Jumbo, por ejemplo, venezolanos y colombianos pueden comprar harina de maíz (la marca Harina P.A.N. es la más solicitada), especial para hacer arepas, desde $2.629 el kilo. En Santa Isabel, ecuatorianos y dominicanos encuentran con frecuencia plátano verde por $1.190 el kilo, para preparar patacones o mangú.

Comida peruana fue la punta de lanza

Esta transformación de la oferta de alimentos en Chile comenzó hace unos 17 años y se dio gracias al boom de las nanas peruanas, comenta Juan Guillermo Jarufe, peruano, propietario de la empresa de alimentos Sabor Peruano, quien explica que hay productos que ya no solo se están trayendo, sino que comenzaron a plantarse en Chile. “A nosotros nos ayudaron mucho las nanas peruanas a promocionar nuestros productos y las comidas peruanas. Ahora hay una oleada de nuevos migrantes -colombianos, dominicanos, ecuatorianos, venezolanos y haitianos- y todas sus comidas tienen muchos ingredientes en común, por lo que ha ido creciendo”, señala Jarufe.

Paralelamente se dio el boom de los restaurantes peruanos, que inicialmente estaban dirigidos a un público de estrato más alto, pero que hoy tienen una oferta transversal, y que propició que más puntos de venta demandaran frutas, verduras y condimentos típicos de ese país.

Guillermo Prieto, presidente de la Asociación de Restaurantes, considera que este fenómeno es positivo porque “ahora que hay una población extranjera mucho más grande, todos tienen la oportunidad de comer la misma comida de sus países”. Además, destaca que es importante desde el punto de vista turístico.

Según datos de la Asociación, de los 14.000 restaurantes que hay en Chile, más de 800 son de comida típica de Perú. La comida colombiana podría ser la nueva tendencia.

“En lo que corresponde a cocinería, en La Vega se ve que hay mucha más competencia nueva de restaurantes de comida de Colombia. Las cocinerías colombianas son las que más han crecido recientemente”, comenta Prieto.

Juan Guillermo Jarufe cuenta que en los primeros años -partió con Sabor Peruano en el 2000- importaba casi 100 variedades de productos, entre congelados, condimentos, snacks y bebidas, que almacenaba en bodegas alquiladas. “En ese entonces éramos mi esposa, yo y dos personas más que nos ayudaban”, recuerda el empresario. Hoy generan 50 empleos directos.

Hace seis años, por el volumen del negocio, cuenta, abrieron una planta propia en el Parque Industrial Lo Boza e importan más de 300 tipos de productos. Este año espera traer 15 nuevos ítems para atender la demanda de las nuevas comunidades de migrantes. “Desde que comenzamos hasta hoy hemos cuadruplicado las ventas. En el 2017 seguiremos trayendo más productos, porque lo que pasó con la comida peruana va a pasar con la colombiana y la venezolana”, señala el empresario.

Chilenos se suman a la importación

Los chilenos Víctor Reyes y su hijo Rodrigo identificaron el potencial del negocio hace seis años, cuando comenzaba a notarse el crecimiento de la comunidad colombiana, cuyos permisos de permanencia definitiva otorgados representaban el 3,4% del total en 2005, y para 2015 llegaron a 18,6%.

En 2011, debutaron con la importadora de alimentos colombianos Altamira, y cinco años después, los Reyes aseguran que venden diez veces más de lo que vendían cuando empezaron. “La población colombiana creció tanto que del 2011 al 2016 nosotros hemos crecido en el orden de 30% anual todos los años. El año pasado facturamos $2.500 millones y este año proyectamos $3.000 millones”, dice Rodrigo Reyes, gerente general de la importadora.

Parte del éxito del negocio, según los Reyes, radica en que varias marcas que importan, como galletas Noel y Pony Malta, también son conocidas por ecuatorianos. Además, añade que por la escasez de producción en Venezuela, la gente de ese país termina adaptándose a marcas colombianas sustitutas de productos. Esto les permite traer productos en mayor volumen y distribuirlo en canales como el tradicional (tiendas y minimarkets), Horeca (hoteles, restaurantes y catering ) y en el retail .

La comunidad venezolana es otra de las que muestran mayor crecimiento en los últimos años. En 2015, las visas temporales otorgadas a venezolanos crecieron 192% con relación al año anterior.

Daniel Pedroso ha palpado este crecimiento en las ventas de su negocio de comida a domicilio, Las Delicias, que pasó de vender mil kilos de queso venezolano en noviembre de 2015 a tres mil kilos el mismo mes del año siguiente.

Como es casi imposible importar queso desde Venezuela, Pedroso cuenta que el queso venezolano que vende es fabricado en Chile, “con la receta venezolana”.

En diciembre del año pasado, Pedroso facturó $35 millones vendiendo queso, tequeños, arepas, cachapas y otros bocadillos venezolanos. “La primera base de datos con la que empezamos era de 80 contactos, ahora tenemos 3.300. La migración venezolana se expandió a todos los países del mundo, uno de los mercados más grandes es Estados Unidos. Por eso los productos de marcas venezolanas que se encuentran son fabricados allá y vienen importados”, explica.

La aceptación de su pequeño negocio, añade, lo motivó a abrir hace unos meses un local propio.


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