Miguel Ángel Criado

La expedición 56-57 a la Estación Espacial Internacional (ISS) llegará en junio con tres astronautas y un cuarto pasajero: CIMON, el primer roMiguel Ángel Criadobot con inteligencia artificial en viajar al espacio. La máquina ayudará al jefe de la misión en una serie de experimentos. Será también su colega y hasta compañero de juegos. Pero su objetivo a medio plazo es servir como modelo para estudiar las relaciones entre humanos y máquinas inteligentes en futuras misiones y viajes espaciales.

CIMON es el acrónimo en inglés de compañero móvil interactivo de la tripulación. Con la forma de un balón medicinal y un peso de cinco kilogramos, puede flotar y moverse de forma autónoma. En su creación han participado unos 50 ingenieros, expertos en robótica, informáticos y científicos del consorcio Airbus, el Centro Aeroespacial Alemán, la Universidad de Múnich o IBM. Esta última aporta buena parte del cerebro de CIMON. Basado en su sistema de inteligencia artificial (IA) Watson, que le permitirá relacionarse con los astronautas con lenguaje natural, asistirles en su trabajo o ponerles su canción preferida.

“Será el primer sistema de asistencia en vuelo y misión basado en IA”, dice en una nota el responsable de Microgravity Payloads en Airbus, Manfred Jaumann. “Somos la primera compañía europea que llevará a la ISS un free flyer, una especie de cerebro volador, y que desarrollará inteligencia artificial para la tripulación a bordo de la estación espacial”, añadió.

En el cerebro de CIMON, con un vocabulario de más de 1.000 palabras, se han cargado los planos y procedimientos del módulo Columbus, el laboratorio científico que la Agencia Espacial Europea (ESA), tiene en la estación espacial. Impreso con tecnología 3D, el robot es un dron que aprovecha la ausencia de gravedad ahí arriba para moverse por medio de unas pequeñas hélices (dirección) y chorros de aire (propulsión). Para reconocer el entorno, cuenta con visión artificial basada en infrarrojos.

Su colega humano será el astronauta alemán Alexander Gerst. Ambos ya se han ido conociendo en estos últimos meses. CIMON ha sido entrenado para identificar tanto la cara como la voz de Gerst y está programado para acudir a su llamada de y seguirlo en sus tareas. El germano, que será comandante de la estación durante la mitad de su estancia en la ISS, ha participado en el aprendizaje de CIMON y ha elegido el aspecto del rostro que iba a tener la bola inteligente.

En esta primera misión, CIMON no va a desplegar todo su potencial. Solo tendrá que participar en tres tareas. Por un lado, colaborará con Gerst en unos experimentos de cristalización, asistiéndole en cada paso con datos sobre el procedimiento a seguir. También será los ojos de un experimento médico. Su cámara servirá para que el personal en la Tierra pueda ver, incluso pudiendo controlar sus movimientos. En el futuro, podría ser clave para alguna operación quirúrgica de emergencia en la estación.

La tercera de sus misiones no es tan inocente como pueda parecer. CIMON ayudará a Gerst a completar el cubo de Rubik. Puede que para un robot con el respaldo de Watson sea cuestión de segundos resolverlo. Pero lo que buscan sus creadores es evaluar la capacidad del robot de ejercer como compañero.

CIMON, durante el entrenamiento para que su visión artificial reconoza a su compañero, el astronauta Alexander Gerst.
CIMON, durante el entrenamiento para que su visión artificial reconoza a su compañero, el astronauta Alexander Gerst. Airbus

“Su rostro, su voz y el uso de la inteligencia artificial hacen de CIMON un colega para los miembros de la tripulación”, escribe Matthias Biniok, uno de los responsables del sistema Watson de IBM, en un blog de la compañía. “Esta relación de trabajo entre compañeros facilitará la forma en la que los astronautas realizan las comprobaciones de rutina de sus experimentos, manteniendo un auténtico diálogo con su asistente interactivo”, añade. Los desarrolladores de CIMON confían en que también ayude a reducir el estrés de los astronautas. Además, servirá como sistema de alerta temprana en caso de que detecte algún problema técnico.

No es la primera vez que un robot viaja al espacio. La NASA ya llevó a su Robonaut 2, o R2, al módulo Destiny de la estación espacial en 2011. Pero R2 es un androide no autónomo, teleoperado por los astronautas o desde Tierra. Tampoco se podía mover, aunque en 2014 los estadounidenses enviaron un par de piernas robóticas y una gran actualización de software hasta la ISS. Pero desde que le implantaron las extremidades inferiores, R2 no fue el mismo. Empezó a tener un comportamiento extraño y dar un número creciente de errores, lo que llevó a los responsables del proyecto a desconectarlo.

Pero la diferencia fundamental entre R2 y CIMON es que, en este tiempo, la inteligencia artificial ha avanzado mucho. Tanto que urge despejar incógnitas. Esta primera misión de CIMON servirá para ver cómo se entiende con sus compañeros humanos. También está preparado para identificar la aparición de estrés en sus colegas humanos y actuar para mitigarlo.

A medio plazo, para 2020, los creadores de CIMON piensan en implantarle una especie de brazo para que pueda manipular objetos. Para entonces también será capaz de idear acciones para contrarrestar la posible aparición de problemas psicológicos en sus compañeros humanos. Por ejemplo, debería ser capaz de detectar la aparición de efectos como el pensamiento en grupo entre los astronautas y contrarrestar sus posibles conductas irracionales.

Para el futuro, el responsable del proyecto de Airbus, Till Eisenberg, dice: “Nuestra visión a largo plazo incluye a CIMON como un sistema de asistencia totalmente autónomo que será capaz de dar consejos y sugerencias incluso en situaciones inesperadas. Todo esto no solo será de interés para los vuelos espaciales tripulados, sino también para muchas aplicaciones en Tierra”.


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