Autora: Cecilia Gastelo Ugaz

Veo cómo se apaga la estela de su juventud,
esa juventud que me albergó un día,
un día que soñó ser feliz.

Sus ojos, ya cansados,
se adornan de sonrisas leves
que reflejan su extenso andar,
ese andar que ha dejado para mí,
para siempre recordar.

Su cuerpo se encorva y se vuelve frágil
(se adelgaza el velo que lo cubre…),
y aparece ella, la que siempre ocultó:
mi madre buena.

No me canso de mirarla en su eterno reposar:
cansada… cansada está.

Y sé que he de llorar
cuando la estrella de su mirada se acabe,
cuando su voz no la escuche más,
cuando no diga mi nombre una tarde,
cuando su mano quede quieta sin rezar.

Cuando la seda blanca que adorna
sus buenos años (que yo vi pasar)
desaparezca para siempre en plena sombra
…sabré que sin ella me he quedado ya.

Escrito en el año 2011

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