Nicolás Castillo

La mayoría de indicadores adelantados de la economía peruana al tercer trimestre del año afianzan los argumentos de que lo peor ya pasó. Sin embargo, el impulso del rebote podría ser insuficiente para alcanzar a todos los sectores.

En agosto, el consumo interno de cemento –uno de los principales termómetros de la inversión pública y privada– avanzó por tercer mes consecutivo a una tasa de 3,5% frente a similar mes del año anterior. Un dinamismo similar fue registrado por las importaciones de maquinarias y equipos, que aumentaron a una tasa de 7,2%. Ambos avances se dieron en un contexto de mayor confianza por parte de los empresarios.

“El tercer trimestre se inició con señales claras de mejora en el entorno internacional y con avances importantes [en el ámbito local]. Esto, permite esperar una recuperación significativa de la inversión en infraestructura durante los próximos trimestres”, dijo José Carlos Saavedra, economista principal de Apoyo Consultoría.

El índice de expectativa de la economía a tres meses, elaborado por el Banco Central de Reserva, se movió dentro del tramo optimista, pasando de los 54,8 puntos a los 56,3 puntos, entre julio y agosto. En tanto, en setiembre, los índices de Apoyo Consultoría de contratación de personal y de inversión en los próximos seis meses mejoraron, al subir en cinco y cuatro puntos, respectivamente, frente a agosto.

Los avances en los indicadores ‘crudos’ de la economía alcanzaron también a los de consumo. El director de la Asociación de Centros Comerciales y gerente general de Megaplaza, Percy Vigil, sostuvo que agosto fue un mejor mes para las ventas de los centros comerciales del país que julio, ya que en el mes patrio registraron una menor campaña frente al año anterior.

“En agosto hubo una recuperación importante [de las ventas] y setiembre ha seguido con la misma tónica. Nosotros [Megaplaza], hemos crecido más del 10% [en agosto]. Con esas cifras me quedo más tranquilo”, afirmó Vigil.

Asimismo, el empleo en Lima Metropolitana creció en 3,5% en agosto, la tasa más alta en más de cuatro años y a la vez, la masa salarial se expandió en 2,3%. También, en similar período, la importación de bienes de consumo duradero, demandado por las familias, continuó su mejoría.

AL DETALLE
Sin embargo, cuando se analizan los indicadores a profundidad, se observa que el crecimiento alcanza solo a algunos sectores de la economía y de los consumidores.

Saavedra sostuvo que si bien es más probable que la economía se recupere y crezca 3,5% en el 2018, frente al 2,1% que registraría en este año, el rebote no sería generalizado en todos los segmentos de la población ni en todos los sectores.

Precisó que la mayoría de las familias percibiría una mejora solo moderada de los ingresos, debido al bajo crecimiento esperado en el empleo formal y en los salarios. Con lo cual, el incremento de los ingresos de los hogares sería insuficiente para aumentar de manera consistente el consumo.

“Algunas [familias] aún tienen que mejorar el estado de sus balances, con el pago de deuda o el ahorro para reponer los activos perdidos por el fenómeno de El Niño costero. Por lo tanto, no necesariamente van a gastar más cuando sus ingresos empiecen a mejorar”, detalló.

El crecimiento del empleo alcanzado en agosto fue impulsado sobre todo por el subempleo, que se expandió a una tasa de 8,6% frente al 0,8% que registró el empleo adecuado. Por tamaño de empresas, en similar período, fueron las compañías de 1 a 10 trabajadores las que más aumentaron la ocupación (6,6%). Mientras que las firmas de entre 11 y 50 trabajadores redujeron el empleo (-5,1%) y las de más de 50 trabajadores lo aumentaron marginalmente (0,6%).

Para Juan Carlos Odar, director de Phase Consultores, la recuperación habría empezado alrededor de los sectores vinculados a la construcción, en línea con el impulso de la inversión pública. De ahí, que otros sectores como algunos servicios y manufactura no vinculados a la construcción todavía estarían siendo rezagados por el rebote.

Saavedra indicó que el principal reto del gobierno es asegurar las condiciones para que el sector privado impulse nuevamente el crecimiento de la economía.


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