Raúl Limón

Cuando las llamas se extinguen, el desastre continúa. Tras el incendio de Doñana de este verano, investigadores de MED_Soil Research Group (Universidad de Sevilla) y de Materia Orgánica en Suelos y Sedimentos (MOSS) del Instituto de Recursos Naturales y Agrobiología de Sevilla (IRNAS-CSIC) han descubierto la causa de que se forme el llamado “chapapote de monte”, el lodo de cenizas y sedimentos finos que se origina en las zonas siniestradas. El fuego impermeabiliza el suelo y altera sustancialmente las características de la capa superficial y, generalmente, más fértil.

Este año han ardido en España 174.788 hectáreas. Pero las llamas no solo han arrasado la vegetación, sino que también han alterado especialmente el suelo, el mayor reservorio de carbono en la biosfera. Ahora esta investigación muestra que los incendios convierten el suelo permeable en hidrófobo al alterar la composición molecular de la materia orgánica y la proporción de ácidos grasos de cadena larga. Esta modificación favorece que los restos dejados por las llamas se mezclen posteriormente con el agua de lluvia y sean arrastrados hasta la costa, ríos y acuíferos contaminándolos y afectando así a otras zonas, además de a las perjudicadas directamente por los fuegos. Donde no llueve, al llevarse a cabo labores de limpieza, el material tóxico se mezcla con el suelo, ya de por sí alterado por las llamas.

Cabeza de Meda tras uno de los incendios registrados en Galicia.
Cabeza de Meda tras uno de los incendios registrados en Galicia. Xosé Santos

La menor complejidad del suelo de Doñana (arenoso) ha facilitado el estudio, ya que, en sistemas más complejos, la hidrofobicidad puede quedar “enmascarada” por otros factores interrelacionados, según explica el investigador Nicasio Tomás Jiménez.

Los resultados del trabajo han aportado más datos relevantes sobre los efectos del fuego en los suelos. Las llamas, según sea su intensidad, pueden aumentar o disminuir en un 30% la materia orgánica. El incendio afecta tanto a la cantidad como a la calidad de los componentes del suelo y estos se pueden monitorizar para usarlos como biomarcadores de la intensidad del incendio o de la recuperación del entorno.

Fuegos latentes

Este estudio permite afrontar con más eficacia las labores de restauración, que no solo deben ir encaminadas a la cubierta vegetal, sino también al suelo o a detectar la presencia de fuegos latentes, como ocurrió en Daimiel en 2009 o como sospechan que puede estar ocurriendo en algunas turbas existentes en Doñana.

“A pesar de estar tan cerca de nosotros y de ser un recurso fundamental para la vida, el suelo sobre el que vivimos es un gran desconocido. Aparte de ser la base para la producción de alimentos y fibras para nuestros vestidos, filtra el agua que bebemos, la almacena y además previene de inundaciones y sequías, combate el cambio climático global fijando gases de efecto invernadero y nos ofrece otros muchos servicios de ocio y paisajísticos que contribuyen al bienestar social”, explica el científico titular del IRNAS, José Antonio González Pérez, para destacar la importancia de la investigación.

Además, las técnicas utilizadas para este estudio se podrán aplicar a otros contaminantes y pueden convertirse en herramientas que ayuden a la gestión de los recursos naturales y a la toma de decisiones después de un incendio forestal o de otro desastre natural.

El grupo que estudia los suelos de Doñana tras el gran incendio del verano realiza sus investigaciones en el marco de los proyectos Geofire e Intercarbon, financiados por el Ministerio de Economía e Industria. En este trabajo han colaborado, además, grupos de investigación internacionales de las universidades de Lausana (Suiza) y Old Dominion (Virginia, EE UU) lo que ha permitido acceso a las técnicas analíticas más avanzadas del momento como pirólisis (descomposición por calor), resonancia magnética nuclear, espectrometría de razones isotópicas, cromatografía de gases y espectrometrías de masas y de ultra alta resolución de ion-ciclotrón.


LEAVE A REPLY