Oyague, María Amparo Cruz-Saco

SEMINARIO DE MARZI, Bruno, 2015, El desarrollo de la economía peruana en la era moderna. Precios, población, demanda y producción desde 1700, Lima, Fondo Editorial de la Universidad del Pacífico. 1.300 pp.

Esta magnífica obra reconstruye información dispersa y fragmentada para estimar series de una longitud de trescientos años para los precios, la producción y el ingreso en el Perú. Estas series permiten la comparación internacional del desempeño económico peruano, principalmente con economías europeas, y son actualmente las más largas en América. A pesar de las dificultades en delimitar la unidad política de análisis, el autor propone que se referirá a la Audiencia de Lima como el antepasado del Perú actual. Desde 1700, identifica dos eras: la era borbónica de 1719 a 1860, o el Perú colonial; y el Perú moderno, cuya fecha de inicio es 1861 y transcurre hasta hoy.

El ciclo económico tiene dos fases, la depresión y la expansión, con una duración promedio de 53 años. Así, el último ciclo económico (incluye depresión seguida de expansión) en el Perú se inició en 1976 y tendrá un plazo de aproximadamente 50 años. Esta longitud es consistente con la duración promedio del ciclo económico en los últimos tres siglos. La fase expansiva empezó en 1990 y continuará, a pesar de la desaceleración económica actual, por unos diez años adicionales. El crecimiento promedio de esta fase expansiva es de 3,5%, porcentaje que se compara favorablemente con las expansiones durante los tres siglos previos, con excepción del ciclo entre 1929 y 1976, cuando la tasa de crecimiento promedio fue de 3,8%.

Un primer rasgo distintivo de la evolución del PBI en el Perú es su volatilidad. La existencia de ciclos económicos de largo plazo tiene fases perdurables de expansión, de 35 años y más, seguidas por depresiones que duran entre 15 y 20 años, durante los cuales el ingreso per cápita desciende. Este podría haber sido el doble si se hubieran corregido las observaciones extremas de las crisis económicas. Como es de esperar, las catástrofes económicas (epidemias y terremotos en el siglo XVIII, rebeliones indígenas hacia fines del XVIII, las guerras de la Independencia entre 1790 y 1824, la Guerra del Pacífico hacia fines del siglo XIX, la crisis de 1929, la crisis de la deuda externa en la década de 1980, la nefasta política económica de fines de la misma década y los fenómenos El Niño) tienen un efecto altamente desestabilizador.

Las expansiones muchas veces se vinculan a cambios tecnológicos internacionales que preceden un incremento notable en la demanda por ciertas materias primas o commodities. Las depresiones, iniciadas usualmente con desaceleraciones, son responsables del rezago del Perú en relación a países europeos. La economía peruana ha carecido de la capacidad para reducir la incidencia e incluso mitigar el impacto de los «efectos de cola» (eventos de baja probabilidad, como desastres naturales o guerras). Por ello, estos siniestros tienen un impacto catastrófico y demoran en ser superados. Ello contrasta con los países europeos que por lo general poseen mayores niveles de activos y capacidad de recuperación que actúan, muchas veces, como amortiguadores más eficientes ante crisis.

Algunos expertos en desarrollo económico han argumentado que factores como los errores de política económica, ausencia de instituciones adecuadas, heterogeneidad demográfica, herencia cultural, corrupción, clima o altitud explican el «subdesarrollo» o menor desarrollo relativo de economías como la peruana. Sostienen que combinaciones de estos factores son responsables de un crecimiento económico anémico y la consiguiente pobreza. Sin embargo, resulta que el crecimiento promedio del Perú durante las fases expansivas de los ciclos económicos puede ser superior a las tasas de crecimiento que corresponden a las economías europeas más avanzadas, tales como el Reino Unido y España. Durante varias y largas duraciones de las fases expansivas, el Perú ha crecido cerca de tres puntos porcentuales por encima de las tasas de crecimiento de algunos países industrializados. Este hallazgo plantea retos a teorías institucionalistas y neoclásicas que excluyen la consideración de la administración de crisis económicas en países como el Perú.

Una segunda característica del desempeño de la economía peruana es su inserción en la economía global como exportadora de materias primas. Durante el tercer y cuarto ciclo de hegemonía mundial -eras de Gran Bretaña y de los Estados Unidos-, se profundizó el rezago peruano debido a la sujeción de las expansiones a la bonanza de precios de materias primas. Al mismo tiempo, el cambio estructural del Perú implicó una transición de una economía agraria a una economía de servicios donde la minería y la manufactura contribuyen relativamente poco al producto total. Ello, a pesar de la enorme importancia de las exportaciones mineras en la generación de divisas y crecimiento.

Una tercera característica del desarrollo peruano es la influencia demográfica (la evolución de la fertilidad, la concentración espacial de la población en Lima y los procesos migratorios). Aunque las estimaciones sobre el tamaño de la población en el momento de la Conquista varían, el autor calcula que esta era de 3,3 millones de habitantes en 1520 (p. 501). Sin embargo, debido a la catástrofe demográfica por las guerras de colonización y el encuentro, la población cayó entre 83% y 90%. En 1669, el tamaño de la población fue el más bajo de su historia, 586 mil habitantes, y el 90% de esta residía en la sierra. A inicios del siglo XIX, la población se había duplicado y durante la era borbónica el crecimiento demográfico se recuperó y se expandió la diversidad étnica y cultural. Desde 1860, el crecimiento demográfico fue explosivo, las migraciones elevaron notablemente el tamaño de las ciudades y se afectó la distribución espacial de la población. Hoy, la región de la costa concentra más de la mitad de la población mientras que la región andina central ha registrado una ostensible desconcentración. Además, el rápido envejecimiento de la población es ineludible y afectará el futuro crecimiento del ingreso per cápita.

La evidencia presentada en el libro muestra que la desigualdad regional y el rezago progresivo del Perú en relación a los países europeos se inician durante la República. La actividad minera no ha sido la más importante y, más bien, el Perú ha transitado de ser una sociedad agraria a una sociedad de servicios. Por último, la expropiación de la tierra a las comunidades campesinas y la formación de haciendas y fundos de oligarcas fueron resultado de las guerras de la Independencia. Durante la Colonia, la integridad de las comunidades campesinas le permitió a la corona española colectar impuestos necesarios para sufragar sus intentos de expansión en Europa y su pérdida de dinamismo económico después de las guerras napoleónicas.

En resumen, cometiendo el exceso de apretar en un párrafo la abundancia de evidencia histórica y la formulación de cuentas nacionales desde la Colonia, es posible afirmar que existe un trasfondo de tres procesos estructurales en el desarrollo peruano. Primero, que los ciclos económicos parecen tener una vida propia de 53 años. Ellos se repiten y permiten identificar sendas de crecimiento hasta cierto punto independientes de voluntades, políticas económicas y expectativas. Segundo, la especialización peruana en materias primas dados los recursos naturales extractivos se ha mantenido como constante en los últimos trescientos años. Y, tercero, el envejecimiento progresivo de la población después de alcanzar un pico en el 2030 convertirá al Perú en un país que envejece rápidamente, perdiendo vigencia y sometiéndose a los imperativos demográficos atravesados por otros países tanto desarrollados como emergentes.

¿Cuáles son las implicancias de política económica que se derivan de estos procesos? Intencionalmente, el autor no aborda el mundo de las voluntades, visiones o intervenciones. Sin embargo, aún en el registro de documentación histórica y en la administración de información cuantitativa, un investigador toma una serie de decisiones que reflejan valores y preferencias. Por ejemplo, ¿hasta qué punto un vasto estudio como el desarrollado en este libro puede ser impermeable a un análisis del impacto del ejercicio del poder de grupos económicos y financieros o a las negociaciones de género y a la influencia de sociedades patrimoniales en la toma de decisiones? La inclusión de estas dimensiones en el análisis del desempeño y del rezago del Perú permitirá profundizar el estudio de la historia, la sociedad y la economía. Es una tarea pendiente que complementaría esta extraordinaria obra.

Sin lugar a dudas, se puede afirmar que el libro del profesor Seminario se convertirá en un clásico de la literatura académica peruana.


Fuente: Oyague, María Amparo Cruz-Saco. Apuntes; Lima Tomo 43, N.º 78, (2016): 165-167.