Tradicionalmente las producciones artísticas plásticas se asocian principalmente a la pintura o la escultura. Por ello materiales como los lienzos, pigmentos o herramientas para esculpir son sinónimo de trabajo artístico.

Por un lapso considerable esos elementos se mantuvieron constantes y realmente con pocas variaciones, sin embargo el devenir histórico trajo consigo descubrimientos científicos que se tradujeron en nuevos productos o procesos, por lo cual la técnica tomó nuevos horizontes y se abrieron las posibilidades de experimentar para los artistas.

Quizá en un primer momento aquellas nuevas prácticas eran más cerca de diferentes formas de captar la realidad, específicamente en pintura es posible hacer referencia al impresionismo y la ruptura que vino después con una gama amplísima de formas.

Con el paso de los años esta experimentación tomó rumbos cada vez más provocadores para algunos mientras que otros los consideraban progresistas.

Prueba de ello es la diversificación de los soportes en los que descansa la pieza artística, uno de ellos es el llamado libro de artista, si bien es sencillo definirlo por lo que no es, su mismo nombre da indicios de que se trata. En efecto tiene la esencia de un libro y comparte algunas de sus características principalmente el uso de éste y la relación que se establece ente el libro de artista y el espectador quien toma un rol activo al percibir la obra y su manipulación.

Al hablar de la esencia del libro que se encuentra en este tipo de producción es necesario aclarar que no se trata de un catálogo o algún texto ilustrado. En si el libro es una obra de arte por sus propios recursos, en el cual el autor se autorretrata. Este tipo de obra es muy íntima ya que involucra un proceso creativo introspectivo que se verá abordado en un objeto material.

Existen variantes del libro de artista, hay algunos que son libro-objeto, algunos de ellos son seriados, otros únicos o de montaje. Pero coinciden en que son fácilmente manipulables, como cualquier libro y deben ser manipulados por el público, ya que no son meros objetos de apreciación, además de que “el lector” debe buscar la narrativa que trasmite la obra. En cuanto a los materiales y técnicas empleados, hay apertura por lo que cada libro es distinto de otro en muchos aspectos, pero la esencia permanece.

Si se retoma la historia del arte existen discrepancias en cuanto al momento en que surge como tal el libro de artista, ya que técnicas semejantes fueron empleadas en la antigüedad como la talla en piedras de pequeño tamaño o el hueso, cabe mencionar el punto trascedente de la intencionalidad, ya que en este caso su objetivo último no tenía una funcionalidad estética más bien mágico-religiosa. Avanzando unos años en este devenir nos encontramos con el dadaísmo, la poesía de Mallarmé y Apollinair o el trabajo Dieter Rot que de alguna manera organizan lo que se entiende por un libro de artista, al punto de crear una definición por medio de la obra realizada.

Si bien esta es quizá una de las técnicas más complejas ya que involucra el reflejo del autor así como un ejercicio de profunda reflexión y autoconocimiento, es un tipo de obra que permite conectar no sólo de forma intelectual con el autor, también permite sentir o tocar el material con el que está hecho y eso es algo que no es común en las galerías o exposiciones, por lo que representa un acercamiento que involucra la confianza del autor con el espectador de prestar su obra de arte para comunicar aquello que pretende expresar en su obra.


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