Por Juan José Marthans (*)

Una buena oportunidad para evaluar las lecciones que nos deja nuestra historia económica reciente puede extraerse de un documento que hace poco tiempo ha dado a conocer nuestro ente emisor: ¿La economía peruana en los últimos 50 años?. En él se hace un repaso estadístico de la evolución de nuestros principales indicadores en materia fiscal, productiva, externa, de inversión y de precios desde la década de los años 60 hasta hoy. ¿Qué es lo que un empresario debe rescatar de la evolución de nuestro entorno económico-financiero para efectos de disponer a futuro de las condiciones apropiadas para maximizar y compartir riqueza?

Primero, que los mayores niveles de inversión se suscitan en entornos donde la inflación no es un problema. Comparativamente, los diez años recientes se ha dispuesto de una inflación promedio anual de no más de 2,5%, la tasa más baja de las últimas cinco décadas. No es casual que solo en esas circunstancias nuestra tasa de inversión con respecto a nuestro producto bruto interno (PBI) haya superado el 25%. Algo similar sucedió en los años 60, aunque en menor magnitud.

Segundo, nuestro PBI ha mostrado un crecimiento destacado de 5,8% promedio anual en los últimos diez años, solo comparable al 5,9% promedio anual que experimentamos en la década de los años 60. En este caso dos modelos y realidades distintas generaron un crecimiento similar. ¿Dónde está el origen de la simetría? Los precios internacionales de los commodities en ambos períodos fueron de los más altos y beneficiosos para nuestro país.

Tercero, el mayor desbalance fiscal se aprecia en la década de los años 80, con un déficit fiscal promedio anual de 8,8%. Tampoco es casual que terminamos, durante dichos años, con una inflación promedio de 369,5% y un decrecimiento del 1,0% promedio anual. Todo un desastre. Pretender generar bienestar o restablecer equilibrios macroeconómicos con desbalances permanentes en el frente fiscal linda con lo absurdo.

Cuarto, nuestra presión tributaria hoy solo alcanza al 15,5% con relación al PBI. La verdad es que históricamente esta parece ser una de las cifras más endémicas estructuralmente hablando y de las más lejanas a los estándares de economías cercanas como la brasileña o la chilena, que bordean el 20%. ¿Pretendemos el crecimiento sostenible de nuestro PBI sin solucionar esta limitación? Alguna vez alguien propondrá un camino razonable para que la carga tributaria se incremente a partir del decrecimiento de nuestro segmento informal. Tarea pendiente y sin resolver aún.

Quinto, nuestro frente financiero también denota aún resultados incompatibles con el crecimiento sostenido. No obstante el crédito como porcentaje del PBI hoy representa más del 26%, cifra que contrasta con el 16% mostrado en gran parte de los años 60, debemos ser claros que con esas cifras la efectividad de la política monetaria está seriamente limitada y las condiciones del financiamiento del desarrollo tienen a depender en extremo del frente externo.

En conclusión, aunque en esta reciente década, comparada con las cuatro inmediatamente anteriores, nos ha ido bien como economía y ello es reconocido internacionalmente, debemos ser claros en que las limitaciones del frente fiscal y financiero aún son significativas.

Ciertamente queda claro que aún somos en extremo dependientes de los precios de los metales. El entorno económico enseña. ¿Aprenderemos?


(*) Profesor del PAD ? Escuela de Dirección de la Universidad de Piura Copyright [c] Grupo de Diarios América-GDA/El Comercio/Perú. Todos los derechos reservados. Prohibido su uso o reproducción en Perú

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