La galería Carmen Aranguren Fine Arts está en la Puerta de la Carne, en un piso de los que conservan las molduras antiguas y puertas de madera y dibujos labrados. Su interior es blanco impoluto, y ahí en esas paredes y estantes está la exposición que presenta la pintora sevillana Concha Ybarra, una muestra en la que por primera vez presenta una enorme cantidad de piezas de cerámica que como su pintura, tiene mucho color. Son diez obras sobre papel y más de treinta cerámicas.

«Frágil» se titula esta muestra porque la artista se dió cuenta cuando trabajaba el barro que éste era amoldable pero frágil al mismo tiempo, «además presento collages que es una forma de expresarse que a mi me gusta mucho, y es recortar papeles, algunos hechos a mano y sedas, pintarlos primero y jugar con ellos haciendo formas. Lo hacía Matisse. Al final, igual que construyo la cerámica, hago los papeles».

Hace diez años empezó a trabajar la cerámica. «Empecé un día por experimentar. Ví un día una exposición de cerámica de Picasso y quedé fascinada y empecé a estudiar».

Al principio lo hizo en su estudio, pero pronto se dió cuenta de que aquello tomaba otra dimensión, y ahora tiene un taller sólo para la cerámica que comparte con un herrero, un alfarero y un ebanista, «aprendo mucho de ellos. A mí me gusta mas estar sola en mi estudio, y no sabía cómo iba a hacer la cerámica con tanta gente. Pero ha ido bien. El alfarero me ayuda, y hay un ambiente divertido. No descarto trabajar un día el hierro, aunque es un material muy difícil, pero me gusta».

Concha Ybarra reconoce que ahora está muy contenta en su vida, «estoy muy tranquila. Me gusta el diario del estudio, eso es fundamental, hay que ser constante. Mucha gente te dice, ¿pintas todos los días? Pues sí, tengo que ir al estudio».

Confiesa que le cuesta mucho más la pintura que la cerámica, «la pintura me exige una mayor reflexión, la cerámica es más inmediata. Me ocurre con la pintura que a veces dejo cuadros guardados, y después la sigo y a veces la recupero. Y eso me gusta también. De hecho, hay pinturas que tenía hace tiempo y cuando vuelven a la vida les pongo: «obra recuperada».

Hacía cuatro años que no exponía en Sevilla, porque dice que su ciudad, es difícil para el arte, «es tan maravillosa que tienes muchas salidas, muchas exposiciones que ver, y estás en el estudio y una exposición es un reto…, y de repente te acostumbras a no hacerlo. Me animó mucho lo de Recorridos, las visitas a los estudios de los artistas. Cuando venían al mío la gente me decía que tenía que exponer y me animé». De hecho de aquellos «Recorridos» también le ha surgido una exposición en la galería Adelantado de Valencia.

En la experimentación con otros materiales bulle en su cabeza trabajar con cristal, «me encanta. Tengo una colección de tulipas que compro en mercadillos, y he pensado poner alguna en una cerámica y jugar con eso».

Pero el recorrido personal de Concha Ybarra no le llevó al arte en un primer momento, no estudió Bellas Artes sino que se licenció en Psicología. «Empecé a pintar con treinta y tantos. Los de mi generación en los 80 estaban pintando, yo en otras cosas.

Dice que su ciudad le ha tratado, «muy bien, pero hay otros de mi edad que lo están pasando muy mal, y eso no está bien porque son grandes artistas». Se lamenta que no haya coleccionismo en Sevilla, «en mi familia Juan Ybarra sí era coleccionista. Ahora no sé porqué no hay. La gente tiene que ver mucho y conocer, si no ven, no comprenden el arte contemporáneo, por eso hay que ver mucho y enseñar a mirar desde pequeños».

Le gustan las redes sociales, pero sobre todo Instagram, donde cuelga sus obras, «el resto no porque hay mucho cotilleo», dice sonriendo. Ahora con Internet cualquiera puede ver una exposición, «no es lo mismo que en directo, pero al menos se ven. Antes si no venías, te quedabas sin ella. No creo que la gente compre por Internet, pero al menos no se quedan sin ver las exposiciones».


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