La candidata del Frente Nacional a las elecciones presidenciales francesas, Marine Le Pen, considera que los últimos 40 años de inmigración en Francia se inclinan a “una perspectiva de guerra civil”. La candidata quiere realizar una consulta ciudadana para que los franceses decidan sobre las condiciones de “entrada, estancia y adquisición de la nacionalidad”.

“Desde hace al menos cuarenta años todo observador lúcido señala el problema, ante más y más intimidaciones y más y más agresiones antifrancesas la perspectiva de guerra civil no es un fantasma”, lanzó a última hora del lunes en una reunión pública celebrada en París.

La candidata de la ultraderecha, a la cabeza en los sondeos de intención de voto en la primera vuelta de las presidenciales, dice que la situación con “millones de inmigrantes” estableciéndose en Francia con lenguas y costumbres extranjeras es ya “incontrolable”. “Desde los años 2000, una parte de estos migrantes y sus hijos han entrado en guerra con Francia (…) No aguantaré los propósitos que sugieren que los franceses deberían adaptarse y hacer hueco ni las acrobacias de este discurso que no quiere oír hablar del fundamentalismo islamista y la inmigración clandestina”.

Además, denunció el “gasto de decenas de miles de millones de euros (…) desperdiciados contra Francia en la esperanza cobarde de comprar la paz civil”. Un discurso transformado de nuevo en la forma pues Le Pen no señala ahora a la inmigración como culpable en sí sino a la globalización por “hacer creer que todos son iguales” lo que ha derivado en el individualismo por la “pérdida de interés y curiosidad hacia al otro”.

La crítica era sin duda el multiculturalismo pero, por momentos, Le Pen trató de dar a sus frases un sentido positivo y esquivar en apariencia a los que la señalan como la candidata del miedo. La globalización es la responsable de la pérdida de respeto a “los pueblos, la religión, la cultura y la civilización, destinados a evaporarse, dando lugar a un mundo plano reducido a los mercados”.

Votándola, defiende, se recuperaría la “lucidez política” y la adquisición de la nacionalidad pasaría a ser una “ambición”. Un Frente Nacional en el gobierno pondría fin al reagrupamiento familiar y a cualquier cláusula que permita obtener la nacionalidad de forma automática, principalmente “el dogma del derecho de suelo”. Le Pen valora que de esta forma Francia recuperaría una política al servicio de la ciudadanía para establecer una “Francia fuerte y abierta al mundo”.

A su partido no le preocupan las alianzas contra ella en la segunda vuelta y ya la ven como presidenta. Ella misma lo hizo ayer citando a Jean Jaurès, un símbolo del socialismo francés asesinado en 1914 por su oposición a la entrada de Francia en la Primera Guerra Mundial, al lanzar un mensaje a los franceses como madre de la patria: “Todos los franceses deben saber que Francia está con ellos y que no les abandonará”.
Los franceses que acogieron judíos durante la ocupación

“Que no vengan a decirme que es el azar de nacimiento que seamos franceses, los que son franceses lo son porque sus padres lo fueron (…) Cada familia conoce la historia de aquellos que se transportaron armas y escondieron miembros de la Resistencia durante la ocupación, que acogieron a un judío en sus casas bajo el riesgo de deportación para ellos y sus propias familias. Lo hicieron por Francia, para que sus hijos y los hijos de sus hijos fueran libres”, dijo tratando de pasar la goma sobre el pasado negacionista de los creadores del partido, entre ellos, su propio padre.

Le Pen se presenta así como la única candidata posible para frenar “la guerra civil” pero también dice que “su Francia” no tendría las fronteras cerradas pues una política renovada de la ciudadanía, arreglaría los problemas identitarios. También habló de la cuestión de los refugiados, cuyo sufrimiento no se le escapa, dice, aunque “los franceses no tienen por qué soportar las consecuencias de la aventura estratégica de los americanos en Oriente Medio y Próximo”.

La consulta nacional, de cuyo desarrollo no se dieron más detalles si bien no sería un referéndum, obligaría a los franceses a decidir las condiciones de la nacionalidad pero también el control de ayudas sociales, de sanidad y educación para los extranjeros.

El vicepresidente del partido, Louis Aliot, pareja sentimental de Le Pen, ha defendido este martes en el canal BFMTV los propósitos de guerra civil lanzados por su líder dando más detalles que alarmarían a cualquiera: “la miseria se instala, la precariedad social, el futuro incierto de muchos jóvenes, el desorden mundial y, en nuestro suelo, un comunitarismo que se cierra sobre sí mismo”. Un panorama en el que la figura del Estado ha desaparecido, según el FN, y que “nos dirige hacia graves desbordamientos que pueden conducir a la guerra civil el día de mañana”. También François Fillon denunció en febrero que el gobierno había creado un “ambiente de guerra civil” en la campaña.

La línea es la misma si bien la manera de comunicarlo cambia. “Si mañana trae veinte millones de africanos a Francia, creo que el país no se parecería en absoluto a lo que ha sido durante siglos”, apuntó Aliot que recurrió al recuerdo de grandeza. Una prueba de que el intento de “desdiabolización” del partido no termina de cuajar pues fue esto precisamente lo que trató de evitar Le Pen con sus palabras. Ella prefirió hablar de una “política de ciudadanía conducida por el amor a ser francés”, lo contrario, dijo, a un política de “cierre, repliegue y nostalgia”.


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